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Història del Terratzo

DEL LATÍN TERRACEUS: DE TIERRA

Los Pavimientos de Terrazo han jugado un papel preeminente en la cultura de occidente, puesto que, desde tiempos antiguos (siglo VI a.c. en la península Ibérica) han sido protagonistas en suelos públicos y privados, siendo utilizados tanto en la pavimentación de vías como en el interior de casas y palacios.

Íberos, griegos y romanos desplegaron a cada asentamiento su conocimiento en la elaboración de preciosos pavimentos aglomerados con varios tipos de áridos, que, de acuerdo con su composición, recibían diferentes denominaciones: opus signinum, pavimentos hechos con cal y una mezcla de piedra y cerámica triturada; si a este se los incrustaban pequeños cubos de mármol, piedra o vidrio, constituía una técnica conocida como opus tessellatum, o si se utilizaban fragmentos de mármol: opus sectile..

Todos estos casos eran de pavimentos hidráulicos de hormigón, que hasta ahora se conservan en algunos lugares con su apariencia original como testigo de la antigüedad de los aglomerados con áridos pétreos.

Durante siglos, la construcción de pavimentos continuó realizándose de forma casi igual o con pequeñas variaciones técnicas. En la actualidad, se siguen conformando pavimentos continuos aglomerados in situ, con brillantes realizaciones en cualquier parte del mundo.

No fue hasta finales del siglo XVIII cuando se empezó a imitar las losas de mármol, dando lugar a los pavimentos configurados mediante baldosas, comprimiendo dentro un molde y a golpe de maza una mezcla húmeda de cemento natural y áridos de piedra y mármol. A mediados del siglo XIX, con pleno auge de la revolución industrial, se introdujo un importante cambio en la produccion de baldosas, gracias al desarrollo de prensas que favorecieron la fabricación de las piezas obtenidas mediante cara arriba de diferentes mezclas de cemento artificial, áridos, pétreos y colorantes, que su apariència final respondía al diseño definido en una rejilla de latón que permitia separar las diferentes mezclas; apareció así el Mosaico Hidráulico, técnica popularizada hasta definir excelsos pavimentos interiores que hoy, tras muchos año sde uso, nos siguen sorprendiendo.

Hasta mediados del siglo pasado, este tipo de pavimentos constituyó la principal industria de revestimientos para suelos de interior. Sin embargo, el oficio requerido para el su satisfactorio resultado fue menguendo al tiempo que aparecía en Italia una serie de máquinas que automatizaban en gran medida el proceso de fabricación de baldosas prensades cara abajo. Y conformadas por un material aglomerante: el cemento -casi siempre blanco- y una granulometría pétrea aglomerada, mezclando polvos de mármol y amsando con agua, utilizando poca mano de obra y con capacidad para fabricar grandes cantidades, en consonancia con las exigencias de la construcción.

Aparece así el Terrazo industrial, un material, capaz de cumplir las máximas exigencias técnicas en usos interiores y exteriores pudiendo garantizar un exhaustivo control de calidad, ofreciendo múltiples alternativas de diseño a costes razonables; desde entonces y gracias a sus extraordinaries características de durabilidad y resistencia al desgaste y a sus innumerables posibilidades estéticas, es el material por excelencia para diferentes aplicaciones de revestimiento de áreas peatonales de intenso tráfico.



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